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CD-i, el gran centro multimedia de Philips

Philips, la gran multinacional europea por excelencia, no es una compañía ajena al mundo de los videojuegos. Hace más de 40 años probó suerte tras la compra de la empresa americana Magnavox, y en los 90 volvió a intentarlo con CD-i. Aunque sería injusto decir que CD-i es solo una consola, pues la ambición de Philips fue más allá y vamos a hablar de ello a continuación.

Como decimos, tras la compra de la empresa Magnavox fue cuando Philips empezó a interesarse por los videojuegos. Con esto lo que hizo fue comprar la empresa creadora de la Odyssey, o lo que es lo mismo, la primera consola con juegos intercambiables de la historia. En 1978, una segunda consola llamada Odyssey2, también creada por Magnavox, fue distribuida en Europa por la propia Philips como Videopac G7000.

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El CD-i 910, el primero de los muchos reproductores que recibimos

Ya en 1983, Philips lanzó una versión vitaminada de la Videopac llamada Videopac+ G7400, pero en aquella época fue cuando se produjo el famoso crack de los videojuegos. Con esto, la compañía neerlandesa dejó apartado el tema de los videojuegos. Esto más o menos coincide con el lanzamiento de una de sus creaciones más famosas: el formato CD. Este formato, creado junto a Sony, permitía almacenar una, para la época, ingente cantidad de datos, además de música de altísima calidad.

Planteadas las bases, Philips y Sony volvieron a colaborar para lanzar en 1986 lo que se conocería como CD-i. Sería un nuevo formato de disco cuyas siglas con las de «Compact Disc Interactive» o «Disco Compacto Interactivo». Este formato abriría la ventana a todo ese mundo que pronto nos venderían como multimedia y que estaría hasta en la sopa. Imágenes, vídeos, audio e interactividad se darían cita en un único formato que miraba al futuro.

Por fin, en 1991, Philips lanzaría su primer reproductor de CD-i. El modelo CD-i 910, salió al mercado a un precio de unos 1.000$ americanos, vamos, una auténtica salvajada. Además, Philips no hizo mucho hincapié en la vertiente lúdica del aparato, ya que lo vendía más bien como un centro multimedia para todo el mundo. De ahí que los primeros lanzamientos para el CD-i fueran enciclopedias multimedia, software musical y educativo y cosas por el estilo.

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El CD-i 550 en su modelo bajo el nombre de Magnavox

Con el tiempo, se lanzaron diferentes versiones del CD-i para todos los gustos, abaratando costes. Además, se cedió la licencia de fabricación a terceras compañías tal y como se hizo con sistemas como el 3DO. Así pues, la serie 100 del CD-i estaba dirigida a profesionales, la 200 al público general, la 300 a dispositivos portátiles, la 400 a modelos más económicos, etc. Así hasta la serie 700, que ya contaba con funciones más avanzadas.

El hardware de estas unidades del CD-i era básicamente el mismo. El chip central era un CISC 68070 basado en el famoso Motorola 68000. Esto ya nos da una pista de que el propósito de Philips no era el de competir con futuras máquinas que estarían por venir. No era una máquina muy potente y tenía ciertas limitaciones. Una de las más llamativas es que solo podía ejecutar un único plano de scroll, palideciendo frente a sistemas más antiguos como Super Nintendo o Mega Drive.

Otro dato curioso es que CD-i estaba también destinado a ser un reproductor de cine, de ahí su aspecto general de reproductor VHS o de los primeros reproductores de DVD que pudimos ver. Para utilizar esta función había que adquirir a parte una tarjeta decodificadora del formato MPG-1, que era el formato que utilizaban los vídeos. Prácticamente era una compra obligada si querías disfrutar de todas las características del CD-i, así que algunos modelos ya lo incluían de serie.

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Imagen del reproductor CD-i 450, uno de los más populares que existen

Pero, ¿cómo se controlaba al CD-i? En función de los modelos, el sistema venía con diferentes tipo de mandos. El CD-i 450, uno de los modelos más famosos y el que probablemente habréis visto en su día por España, incluía un pad normal y corriente, con tres botones. Otros modelos menos enfocados a los juegos incluían una especie de mando a distancia con algo parecido a una rueda en el medio que hacía las veces de ratón. Esto último era bastante ingenioso, pero un tanto incómodo para determinados juegos.

Vamos a los juegos. El catálogo del CD-i es bastante grande si contamos todo el software aparecido. No obstante, si nos centramos exclusivamente a los videojuegos, la cifra no llega a los 200. Lo cierto es que los hay para todos los gustos, aunque abundan mucho los títulos FMV («Full Motion Video») que entonces estaban de moda y requerían el uso de la tarjeta MPG-1 de la que hemos hablado antes.

Y aquí es cuando viene el salseo. Como muchos ya sabréis, Philips fue parte de un acuerdo con Nintendo para la creación de una unidad de CD para Super Nintendo, y si no los sabéis hace unos meses hicimos un artículo sobre esto. Este acuerdo le daba a Philips derechos sobre algunas franquicias de Nintendo, naciendo algunos de los juegos más infames que se recuerdan.

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Captura de pantalla de Hotel Mario, uno de los juegos más icónicos del sistema

El más potable, Hotel Mario, es un simple juego de plataformas que puede resultar entretenido. Pero el verdadero horror llegó con los tres juegos que salieron de la saga Zelda: Zelda: The Wand of GamelonLink: The Faces of EvilZelda’s Adventure. Estos tres títulos están considerados los peores juegos de la franquicia y Nintendo reniega de ellos, tanto que los ha sacado del canon oficial de la saga.

Pero bueno, no solo de Nintendo vivió el CD-i. Infogrames nos mostró el espectacular Chaos Control, un shooter sobre raíles que también contó con una secuela llamada Solar Crusade. También nos ofreció títulos deportivos como International Tennis Open o de tablero como Astérix: El Desafío de César.

Otras compañías conocidas como Virgin, U.S. Gold o DMA Design tuvieron su hueco, creando juegos que tuvieron a la propia Philips como su publisher en su mayoría. Encontramos títulos de aventura como Lost Eden o The 7th Guest, de disparos como Creature Shock Mad Dog McCree o títulos ya míticos como Micro MachinesLemmings Flashback por citar algunos.

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Póquer de ases para CD-i (de izquierda a derecha y de arriba a abajo): Burn:Cycle, International Tennis Open, Micro Machines y The Apprentice

De aquí surgieron maravillas como el espectacular Burn:Cycle, posiblemente el mejor juego para la consola. Pero no todo son aventuras interactivas. También hay espacio para los beat ‘em up como el curioso y sangriento Mutant Rampage: Bodyslam, los juegos de lucha como Rise of the Robots o divertidos títulos de plataformas como The Apprentice.

A priori la propuesta está muy bien, hay para todos los gustos. ¿Cuál fue el problema? Que nadie le hizo caso al CD-i. Se trataba de un dispositivo un poco en tierra de nadie, con un precio muy alto y que ofrecía casi lo mismo que podía hacer un ordenador de la época. Si querías juegos, te comprabas una Super Nintendo o una Mega Drive, y si no, tenías ordenadores como Amiga o PC, que tenían un catálogo ingente en comparación con el CD-i.

Y para rematar la faena, las consolas de nueva generación estaban a punto de llegar, especialmente PlayStation. La consola de Sony fue como una apisonadora que se llevó a la competencia por delante. Esto es curioso puesto que en aquella época, Sony y Philips no se llevaban muy bien por culpa de unos acuerdos alcanzados por Nintendo para la creación del CD-ROM de Super Nintendo.

¿Qué pasó entonces? Lo que tenía que pasar. En 1994 las ventas del CD-i eran muy bajas y a duras penas llegó a 1998, año en que se detuvo la producción del aparto. ¿Fue un fracaso? Así lo dicen las cifras. ¿Fue un mal dispositivo? Para nada. CD-i hizo cosas bien, como convertir nuestro salón en un centro de ocio multimedia, algo que hoy en día es muy habitual. El problema es que, como suele pasar, se adelantó y la gente no supo entender el concepto.

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Estos son algunos mandos para el CD-i. El primero es un mando estándar, pero el segundo se lanzó para los más pequeños de la casa

Llegados a este punto, Philips dejó de lado el negocio de los videojuegos y se centró en otras cosas. Philips Media, la empresa creada para la ocasión, se troceó y se vendieron ciertos activos. Se cancelaron todos los planes de futuro, que incluían una revisión más potente, y el último juego comercial fue ese Solar Crusade que hemos comentado antes, que salió en 1999.

La mala fama ha perseguido al CD-i en todos estos años. Es más conocido por tener los peores juegos de Nintendo que por sus virtudes, que son muchas. Fue un sistema incomprendido que mereció mejor suerte. Quizá, con un poco más de potencia y un mayor enfoque hacia los juegos, podría haber tenido un mejor desempeño, pero eso nunca lo sabremos.

Nota: Las imágenes usadas en este artículo pertenecen a Wikimedia Commons.

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