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OSMAN, EL STRIDER DEL LEJANO ORIENTE

  • Compañía: Mitchell
  • Año: 1996
  • Género: Plataformas de acción

Hace poco estuvimos hablando por aquí de Skyblazer, un cartucho para Super Nintendo que tenía ciertas similitudes con el famoso Strider. Entonces me acordé de que nunca habíamos hablado de Osman, una recreativa un tanto desconocida que bebe, y mucho, del genial juego de Capcom, del que dicho sea de paso habrá que hablar en un futuro no muy lejano. Así pues vamos a ver qué nos ofrece este arcade.

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Colgados como un chorizo para posar en la foto

Osman, también conocido por Cannon Dancer en Japón, fue desarrollado por Mitchell (conocidos por ser los creadores del famosísimo Pang) utlizando una placa arcade creada por Data East y lanzado a finales de los 90, encargándose Atlus de la distribución, al menos en Japón. Es una mezcla de plataformas y acción, mucha acción, ambientada en un futuro bastante lejano.

La trama tiene lugar a finales del siglo XXI en un mundo gobernado en su totalidad por un hatajo de corruptos. De las sombras surge una tipa llamada Abdullah the Slaver, que quiere, para variar, hacerse con el control del cotarro. Para ello tenemos al amigo Osman (llamado Kirin en Japón), una especie de Aladino de las artes marciales que, bajo las órdenes de un tal Jack Layzon, se lanza a patear a la puñetera hecichera esa que quiere dominar el mundo.

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¿Me diréis que no mola este bicharraco?

Así pues comenzamos la partida. Viviremos una intensa batalla plagada de acción y plataformas, con una dificultad innecesariamente aplastante (el último nivel es un verdadero infierno) en un mundo futurista compuesto por un total de 7 niveles en los que nos irán contando la trama del juego. Todo con una ambientación muy en plan oriente, algo así como las “mil y una noches”, pero del futuro, algo que afecta tanto a los escenarios como a los personajes.

Nada más empezar a darle al mando iremos viendo las similitudes con Strider. Esto es porque nuestro héroe se mueve de una forma prácticamente idéntica al amigo Strider Hiryu, es decir, que utilizaremos un botón para atacar y otro para saltar, pudiendo deslizarnos por el suelo, planear por el aire o engancharnos a las diferentes secciones de plataformas que iremos viendo. Eso sí, hay que decir que en Osman utilizaremos las artes marciales en lugar de la espada. Por cierto, también hay un tercer botón para ejecutar un ataque desesperado que nos vendrá muy bien.

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Cuidado con el camioncito que se las trae

Por el camino iremos recogiendo ítems que surgen, adivinad, de unas cápsulas voladoras que encontramos por ahí. Los elementos rojos sirven para potenciar nuestros ataques, dándonos una sombra que nos permitirá sacudir mejor y más rápido pero que perderemos en cuanto nos sacudan un poco. Luego están los amarillos, que nos darán un trozo de vida (partiremos con tres); los verdes, que nos llenarán uno de esos trozos de vida; y por último están los azules, que restaurarán toda nuestra energía.

A nivel técnico estamos ante un título estupendo. Aunque los escenarios no son nada del otro mundo, los enemigos están muy bien realizados, destacando los jefes de fin de fase, algunos muy imaginativos y de un tamaño generoso. Podremos ver auténticos engendros mecánicos, monstruos terribles que surgen de las profundidades de la tierra o a la propia Abdullah, que se nos presenta como una auténtica y gigantesca diosa. Y todo con una acción muy fluida que no decae en ningún momento, con una tasa de frames muy estable.

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También habrá momentos para hacer el gamba por el agua

Por otra parte el sonido simplemente cumple. Melodías con un marcado estilo árabe que quedan bastante bien y una colección de efectos sonoros típicos, con explosiones, gritos y golpes contundentes. Eso sí, hay que decir que para tratarse de un juego de 1996 no es que sea un aspecto demasiado espectacular como en otros juegos de la época. Además la frencuencia del audio es bastante baja en nuestra opinión.

El control, como viene siendo habitual en estos títulos, es muy bueno. Como decíamos antes, tenemos un botón para atacar, otro para saltar y otro para ejecutar un ataque desesperado, por lo que no hay mucha complicación en este sentido. Eso sí, como también hemos señalado antes estamos ante un título con una dificultad desmedida, con algunos momentos verdaderamente angustiosos, destacando especialmente la última fase, ya que cada vez que continuemos volveremos al principio y así sucesivamente. Si alguien ha jugado a la recreativa original seguro que se dejó sus buenos “duros”.

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Algunos enemigos finales, como aquí el colega, tienen también nuestro tamaño

Hasta aquí todo más o menos bien, y ahora vamos a hablar del verdadero problema de Osman. A cualquiera que le preguntes seguro que conoce Strider, pero si le mencionas a Osman te dirá algo así como, ¿de qué puñetas me hablas? Y efectivamente estamos ante un título que no gozó de una buena distribución, en parte debido también a que ni siquiera se planteó una conversión a consola, siendo la Super Nintendo una plataforma estupenda para albergarlo.

Y es una pena, ya que estamos ante un título brillante en muchos de sus apartados, especialmente los técnicos y jugables, fallando en cosas como una dificultad absurdamente alta. Es posible que si Osman hubiera aparecido un par de años antes, y lo hubiera hecho también en el mercado doméstico, no estaríamos hoy ante una recreativa tan desconocida y olvidada. Y eso, señor@s, no se lo merece si por asomo.

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