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ATARI JAGUAR, EL FELINO DE 64 BIT SIN COLMILLOS

En los años 80, Atari era un gigante empresarial que dominaba casi por completo el mercado de los videojuegos gracias principalmente a la Atari 2600. Sin embargo no todo era de color rosa pues la sombra de las consolas japonesas acechaba a la compañía, y esta sombra era muy alargada, y cuando principalmente Nintendo y Sega irrumpieron en el mercado, Atari tuvo que reeinventarse si no quería perder el trono.

De esta manera nacieron Atari 5200, Atari 7800 y Atari Lynx entre otros modelos menores, videoconsolas de las que ya hablaremos en otro momento. Estos sistemas no consiguieron igualar el éxito de la Atari 2600 y, ya entrados en los años 90, la empresa decidió crear algo que pudiese competir con las consolas de 16 bit de Nintendo y Sega (Super Nintendo y Mega Drive respectivamente).

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Atari Jaguar se presenta ante todos (Wikimedia Commons)

Atari se puso manos a la obra y comenzó el desarrollo de dos sistemas de videojuegos al mismo tiempo. Por un lado estaba la Panther, consola de 32bit destinada a competir con Super Nintendo y Mega Drive y, por otra parte, había una consola de 64bit en desarrollo llamada Jaguar que prometía revolucionar el mercado con un sistema muy adelantado a su tiempo. El «lince» (Atari Lynx) no pudo con Game Boy y Game Gear, la «pantera» (Atari Panther) fue cancelada antes de ver la luz, pero, ¿y el «jaguar»?, ¿fue la revolución que nos anunciaron o simplemente se quedó en un gatito sin garras ni colmillos?

1993 es el año en que Super Nintendo y Mega Drive mostraban todas sus armas. Los mejores juegos para estas consolas todavía no habían salido y su futuro no podía pintar mejor. Atari lanza Jaguar, una consola de 64bit que, por su poder, podría comerse con patatas a Nintendo y a Sega y tenía el campo despejado porque Saturn, PlayStation y Nintendo 64 todavía no serían lanzadas. Pero Atari lo hizo mal, muy mal. Una mala campaña de marketing unida al nulo apoyo por parte de las desarrolladoras hicieron que Atari Jaguar se estrellara al poco tiempo de nacer.

Vamos a ver qué nos ofrece Jaguar. Para empezar el soporte elegido para la consola son los cartuchos, algo extraño teniendo en cuenta que un consolón de estas características tendría que haber tenido una unidad de CD-ROM de serie, que por aquel entonces el futuro pasaba por ahí. Del mando de control es mejor olvidarse. Había botones para aburrir y eso podía echar para atrás a los jugadores de consola que buscaban sencillez y velocidad en el manejo de los juegos. Eso sí, hay que admitir que el diseño de la consola es chulo.

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Fotografía del mando de Jaguar, feo, feo (Wikimedia Commons)

Atari intentó muchas cosas para remontar la pobre acogida de Jaguar, como vender una unidad de CD-ROM para la consola que prometía más y mejores juegos o el más difícil todavía: algo llamado Atari VR que nos acercaría al increíble mundo de la realidad virtual. Esto último era un casco que nos prometía experiencias nunca vistas y que nunca llegó a salir a la venta, pero eso es otra historia de la que hablaremos un día de estos.

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La unidad de CD-ROM de la Jaguar (Wikimedia Commons)

¿Y qué pasa con los juegos? Como decíamos anteriormente, los desarrolladores de juegos para Atari Jaguar se pueden contar con los dedos de las manos. Algunas empresas como Ocean o Ubisoft se subieron al carro con algún que otro título, pero quienes tiraban de la manta eran la propia Atari y otra compañía llamada Telegames. El caso es que la consola cuenta con un catálogo paupérrimo formado por poco más de 60 juegos de manera oficial, con algo más de 10 juegos, más o menos, en formato CD-ROM.

Aún así, Atari Jaguar nos ofrece títulos interesantes como Alien vs. Predator, Doom, Wolfenstein 3D o Tempest 2000, otros como RaymanPrimal Rage se podría decir que nacieron en esta máquina; también están juegos poligonales decentes de la talla de los dos Iron Soldier o Hover Strike; juegos en CD-ROM muy populares como Myst, Dragon’s Lair o Space Ace; y otros juegos interestantes y conocidos portados a Jaguar como Syndicate, Theme Park, NBA Jam: Tournament Edition, Pinball Fantasies o Flashback.

En la otra cara de la moneda están juegos como Checkered Flag, juego de carreras de coches con polígonos pelados cuya sensación de velocidad es desastrosa teniendo en cuenta la potencia del sistema; Blue Lightning, una especie de After Burner con un desarrollo brusco y bastante lamentable; juegos de 16bit algo vitaminados que ya fueron mediocres en otros sistemas como Dragon: The Bruce Lee Story o Double Dragon V: The Shadow Falls; y otros jueguchos como Kasumi Ninja, White Men Can’t Jump o Trevor McFur in the Crescent Galaxy, malos y olvidables.

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Póker de ases para Atari Jaguar (de izquierda a derecha y de arriba a bajo): Alien vs. Predator, Rayman, Tempest 2000 y Doom

¿Y en España? Pues en España la campaña de Atari fue ridícula. Jaguar sólo se vendía en «El Corte Inglés» mucho más tarde de lo previsto (entre 1995 y 1996 más o menos), es decir, se vendía cuando PlayStation y Saturn estaban conquistando a los jugadores y Mega Drive y Super Nintendo habían sacado la artillería pesada. Claro está que Atari no se comió ni una rosca y no vendió muchas consolas por aquí, de hecho yo creo que nunca vi ninguna, y más teniendo en cuenta que el sistema se dejó de fabricar en el año 1996.

Una verdadera pena lo de Atari. A partir de este momento todo le fue cuesta abajo y sin frenos, dejando a la compañía huérfana en videoconsolas (aunque se llegó a planear una Jaguar II que nunca vio la luz) y realizando operaciones de dudoso éxito que, finalmente años después, la llevarían a la más absoluta ruina. Pero la pregunta que nos hacemos sería: ¿podría Jaguar haber triunfado si las cosas se hubieran hecho mejor? Es posible que le hubiera ido medianamente bien, pero por aquel entonces la gente no estaba preparada para los 64bit. Quizá si la cancelada Panther hubiera salido al mercado antes que Jaguar, y Jaguar fuese de otra forma (con CD-ROM de serie y un buen apoyo de las compañías), Atari podría haber comido un trozo del pastel jugón. Es lo que tiene adelantarse a su tiempo tan deprisa, que te puedes estrellar a la misma velocidad.

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