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Arabian Fight, las mil y una tortas

La antigua Arabia. Un lugar mágico, cargado de leyendas, con desiertos, palacios y, por supuesto, tortazos. Y esto es lo que nos propone Arabian Fight, un beat ‘em up de los arcades con un apartado técnico de infarto y algunas taras jugables.

Arabian Fight fue creado por Sega para su System 32, placa arcade por la que desfilaron joyas como Golden Axe: The Revenge of Death Adder Spider-Man. Aunque en la pantalla principal del juego figura el año 1991, el juego apareció en 1992 y no hay que confundirlo con Arabian Magic, también del mismo año y también un beat ‘em up, pero este fue desarrollado por Taito.

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Sinbat (que no Simbad), probando sus puños contra unos piratas

Sazabis es el malo maloso de turno. Un jeque corrupto que ha secuestrado a la princesa Luarana y amenaza con conquistar el mundo. Para ellos se servirá de todo un ejército de piratas y malvadas (y mágicas) criaturas. Pero no está todo perdido, por suerte contamos con un grupo de cuatro guerreros que le harán frente sin miramientos.

Estos cuatro héroes son el joven y equilibrado Sinbat (no confundir con Simbad), la bella y veloz Ramaya, el fortachón Goldor, y Datta, una especie de monje también bastante equilibrado en cuanto a fuerza y velocidad se refiere. Juntos usarán sus poderes para derrotar a Sazabis y a su facineroso séquito a base de puños, patadas y, por supuesto, mágicas habilidades.

Una vez que hemos escogido a nuestro héroe vamos a pasar a la acción. Lo primero que llama la atención de Arabian Fight es su apabullante apartado técnico, pero de eso hablaremos más adelante. Usaremos dos simples botones, uno para atacar y otro para saltar, pudiendo ejecutar golpes, presas y ataques voladores, nada especial.

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La bella Ramaya ejecutando su espectacular súper ataque

Lo que sí son especiales son los ataques desesperados que, como podréis suponer, se ejecutan pulsando dos botones. Aquí entran en juego unas lámparas estilo las de la historia de Aladino que nos proporcionan ciertos poderes. Cuando tenemos una de ellas y pulsamos los dos botones, se ejecuta un poderoso ataque que barre la pantalla de enemigos y nos obsequia con una animación chulísima.

Por el contrario, si no tenemos una de esas lámparas, nuestro personaje ejecutará una técnica no tan poderosa que nos quitará una fracción de energía. Nada más, esto es así de sencillo.

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El forzudo Goldor en acción

Nos esperan siete fases en Arabian Fight. El esquema, es el de siempre, es decir, que vamos barriendo la pantalla de enemigos para enfrentarnos a un poderoso jefe al final de cada fase. No hay mucha variedad en este juego, a excepción de una fase en la que vamos subidos en una alfombra voladora, y eso mola. Por lo demás todo consiste en machacar botones y poco más.

Los problemas los vamos notando nada más comenzar a jugar. Las animaciones son muy toscas y el personaje se mueve de una forma muy ortopédica. Además, el ancho de la pantalla nos parece insuficiente, dejándonos vendidos en más de una ocasión. Esto significa que tanto nuestro personaje como nuestros enemigos pueden desaparecer de la pantalla dependiendo de dónde caigan al suelo.

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Junto a Simbat, Datta es el personaje con el que mejor se juega

Otro problema importante es la detección de colisiones. Los protagonistas de Arabian Fight son un poco mancos y a veces nos cuesta acertar el golpe de manera correcta. Esto, nos da la sensación, de que está provocado por los diferentes planos de scroll de los que se compone el juego, que son demasiados. Aquí Sega no estuvo nada atinada.

A todos estos problemas hay que sumarle una dificultad bastante alta. No es que los enemigos no paren de moverse o nos asedien demasiado, es que a veces nos vienen puñetazos sin saber muy bien de dónde. Incluso, da la sensación de que, a veces, un golpe nuestro no resta energía a la barra de un jefe. La verdad es que el desarrollo está algo embarullado y la dificultad se dispara, especialmente, por los problemas que tiene el juego.

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¿Hay algo más chulo que ir repartiendo caña a bordo de una alfombra voladora?

Vamos con el apartado gráfico, que aquí es la verdadera estrella del juego. Todos los efectos gráficos que se pueden realizar con sprites y que seáis capaces de imaginar están aquí. El famoso escalado de sprites, que ya era marca de la casa en las recreativas de Sega de los 90, es el protagonista absoluto. Esto se nota muy pronto, en cuanto comenzamos a mover a nuestro personaje.

Hay un zoom general, que se muestra más aumentado en la parte baja y más disminuido en la parte alta de la pantalla. Los enemigos, en ocasiones, aparecen desde el primer plano, contando con un detalle asombroso, como si se tratara de una película de dibujos animados. Y qué decir de las escenas introductorias y de las escenas de ejecución de los ataques especiales. Esto último es una verdadera maravilla.

Y el nivel sonoro también está muy alto. Las melodías son estupendas y nos llevan a esa Arabia misteriosa de los cuentos de Las Mil y Una Noches, aunque hay algunos temas que son más modernos y rockeros. En cuanto a los efectos, Arabian Fight también destaca, eso sí, nos parecen muy raros los gritos de algunas criaturas como los esqueletos o las gorgonas, que suenan o bien como un mono histérico o como un perrillo triste.

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De verdad, las escenas introductorias son puros dibujos animados

Las pegas en lo jugable son muchas. El desarrollo es algo lento, animaciones recortadas, movimientos toscos y las colisiones no están muy bien hechas. También hay poca variedad de movimientos y su desarrollo es bastante repetitivo. Sí, tiene opción para cuatro jugadores, pero si con único jugador hay confusión imaginad con los cuatro al mismo tiempo. ¡Ah! Y evidentemente, Arabian Fight no salió al mercado doméstico, quizá debido a que no tuvo demasiado éxito.

Aunque algo nos entre por los ojos no significa que sea bueno, y Arabian Fight cumple eso sobradamente. Es un espectáculo a nivel gráfico, de verdad, es para verlo, pero a nivel jugable se queda muy atrás. Tiene demasiados problemas que afectan a su jugabilidad, y eso es muy grave, haciendo que no resulte un título muy recomendable. Aún así, os instamos a echarle un vistazo si queréis ver cómo se las gastaba Sega con los sprites.

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