¡Feliz año! Iniciamos este 2026 con todo un clásico de los salones arcade: Tiger Road. La mitología china se combina con grandes dosis de acción y plataformas en este mítico lanzamiento de 1987, obra de los japoneses Capcom. ¿Preparados para viajar a la China antigua?
Lee Wong es nuestro calvo y poderoso aliado. Se trata de un guerrero de tipo Shaolin discípulo del gran maestro del tempo Oh Lin. Resulta, que el malvado Ryo Ken Oh ha secuestrado a toda la chavalería del pueblo, y ahí es donde nuestro valiente Lee Wong (el tigre) tiene que liarse la manta a la cabeza y desplegar sus poderes para rescata a los muchachos de las huestes de Ryo Ken-Oh (el dragón).

Como decíamos en el primer párrafo, Tiger Road es una mezcla de acción y plataformas, de scroll lateral. Iremos limpiando la pantalla de enemigos con nuestras armas, que bien pueden ser un hacha, una vara o una maza, lo que más tengamos a mano en el momento adecuado. Todo esto con un desarrollo al más puro estilo del primer Shinobi, pero sin ninjas.
Pero no todo el desarrollo de Tiger Road es igual. Existen algunas fases en las que literalmente volamos, desplazándonos en secciones con scroll vertical y movimiento constante. El scroll vertical también está presente en otras fases de corte plataformero, por lo que tenemos un plus de variedad que le sienta muy bien al desarrollo del juego. Además, debemos sumar un par de fases de bonus y algunas situaciones en las que el desarrollo no es lineal.

Como veis, la propuesta que nos ofrece Tiger Road es de lo más interesante. Nuestro héroe es fácil de controlar, con un botón para atacar y otro para saltar, y más nos vale, ya que la dificultad de este título es, como debéis suponer, bastante alta. Por suerte, contamos con potenciadores para nuestros ataques y con una generosa barra de energía. Desgraciadamente, sobre esto último, algunos enemigos nos la pueden vaciar de un solo golpe.
En cuanto al músculo técnico hay que decir que no está nada mal. Usa la misma placa arcade, la Capcom 68000, que otros clásicos como Bionic Commando o el primer Street Fighter. Con esto, vemos enemigos abundantes que nos acechan constantemente, mostrando a un buen puñado de ellos en pantalla al mismo tiempo. Y sin ralentizaciones.

A propósito de esto último, los personajes son bastante fieles a la China antigua en la que se basa Tiger Road. No están nada mal animados y algunos tienen un tamaño más que generoso. Por otro lado, hay otros enemigos, como ciertos dragones, que ocupan buena parte de la pantalla sin producir parpadeos ni ralentizaciones, así que «chapeau» en este apartado.
En cuanto al sonido, Tiger Road no es ninguna maravilla. Las melodías tienen un aire oriental chulo y no están mal, pero los efectos de sonido suenan bastante embarullados. Vamos, quizá sea el mal que tenía esta placa arcade, y es que a otros juegos de la compañía japonesa les pasa más o menos lo mismo. En la versión japonesa destaca la inclusión de voces digitalizadas que la occidental no tiene.

Por último, está el aspecto jugable. Como arcade que es, este juego se controla estupendamente, con controles sencillos y precisos. En general resulta ser un título divertido, variado y desafiante, muy desafiante. Difícil, sí, pero tampoco es un Ghosts ‘n Goblins, no es tan injusto.
Tiger Road gozó de bastante éxito. Esto le permitió aparecer en los ordenadores más famosos del momento a partir de 1989. Fue Probe la encargada de realizar conversiones para Amiga, Atari ST, PC, Commodore 64, Amstrad CPC y ZX Spectrum. La empresa GO!, subsidiaria de U.S. Gold, se encargó de la publicación en la mayor parte de los casos.

Analicemos las conversiones de este estupendo arcade. Comenzamos con las de ordenadores de 16bit, con Amiga y Atari ST a la cabeza, siendo estas prácticamente iguales (y quizá las mejores). Se trata de una adaptación mermada, con menos fases que el arcade y un diseño gráfico bastante simplón. No se juega mal y las sensaciones son similares al original, pero bueno, no es lo mismo. En PC es similar pero con menos colorido y un scroll más brusco.
El resto de versiones están todavía más recortadas. El port de Amstrad CPC y ZX Spectrum solo incluye uno de los cinco niveles del arcade original. Sí, no lucen mal, pero el scroll es brusco y la jugabilidad no está a la altura. En cambio, la conversión para Commodore 64 goza de un buen control, un scroll muy suave y sensaciones similares a las versiones para ordenadores de 16bit. En cambio, el aspecto gráfico es bastante feo.

Pero todavía nos falta una versión, la que hizo Advance Communication Company para la consola PC Engine, que también salió en las TurboGrafx-16 occidentales. No se trata de un port directo del arcade, si no de una reinterpretación por así decirlo. Algo parecido a lo que se hizo, por ejemplo, con Strider para la Nintendo NES.
Aparecido más tarde, en 1990, y tiene un aspecto más infantil. Los personajes tienen un toque más anime, con ojos grandes y expresiones más exageradas. La base es el arcade original y el desarrollo es también acción y plataformas, pero parece un juego completamente distinto. De hecho, existe un debate sobre si es mejor el juego para PC Engine o la obra de Capcom para los salones recreativos. Eso ya es cuestión de gustos.

Lo que está claro es que Tiger Road es un gran arcade. Estamos ante un juego muy divertido, con una ambientación chula y un desarrollo variado, pero también duro. Uno de esos juegos de Capcom que, a pesar de incluirse en sus recopilatorios, nos da la sensación de que pasa algo desapercibido frente a otros titanes de la empresa nipona. Para nosotros es un juego que merece mucho la pena.