Seguimos dándole caña a juegos exclusivos de ordenadores con otra tanda de tres juegos de plataformas. Os ofrecemos un par de juegos para PC y otro para microordenadores que, perfectamente, podríamos denominar como el bueno, el feo y el malo.
Claw
Empezamos con el bueno, con Claw, obra de la tristemente desaparecida Monolith Productions, responsables de los tremendos juegos de Blood, y que aterrizó en exclusiva para ordenadores PC con Windows en 1997. Se trata de uno de los juegos de plataformas considerados de culto, ya que en su día no tuvieron la atención que merecían.
En Claw encarnamos a Nathaniel Joseph Claw, más conocido como Capitán Claw, un gatete pirata cuyas hazañas ya son legendarias. En el Reino de los Cooker-Spaniards, es decir, los perros, enemigos naturales de los gatos, están hasta las narices del gato de marras, pero consiguen encarcelarlo.
Mientras está en prisión, Claw recibe una nota y un trozo de un mapa. Dicha nota habla de un objeto conocido como el amuleto de las nueve vidas, que otorga la inmortalidad. Claw escapa de la celda y se embarca en una peligrosa misión para encontrar tan codiciado artefacto.

Ante nosotros tenemos un juego de plataformas en 2D absolutamente delicioso. Nos esperan 14 fases cargadas de plataformas, enemigos de lo más perruno y tesoros, muchos tesoros. Nuestro felino amigo es capaz de saltar y atacar, y sobre esto último tenemos bastante variedad para tratarse de un título de plataformas de la vieja escuela.
Como buen pirata, Claw es capaz de dar puñetazos o asestar con la espada, pero también tiene un par de habilidades extra. Podemos levantar barriles o a los propios enemigos para lanzarlos contra otros y, además, tenemos una pistola muy útil en ciertos casos. Lo más curioso es el «magic claw», una escasa y poderosa arma que limpiará la pantalla de enemigos. Por último, también podemos usar dinamita.
Como veis, en Claw estamos bastante surtidos de armamento, y más nos vale, pues se trata de un juego bastante exigente. Por suerte, el juego nos permite guardar nuestro progreso en determinados puntos de cada fase, así no tendremos que volver a empezar. También tenemos ciertos potenciadores para nuestras armas, que nos ayudarán, especialmente contra los jefes finales.

Claw es un juego precioso a nivel técnico. Los gráficos, en la llamada entonces alta resolución, son puro amor pixelado. Los personajes cuentan con mucho detalle, colorido y mucha expresividad que desemboca en un marcado sentido del humor. Escenarios variados y «piratescos», con catacumbas, bosques o ciudades. Además, incluye estupendas escenas de dibujos animados que nos cuentan la historia del juego.
Melodías MIDI bien compuestas y buenos efectos sonoros, pero la guinda del pastel se la lleva el doblaje al castellano, que está muy trabajado. Por otro lado, cuenta con modo multijugador que, por lo que hemos visto, sigue activo gracias a la comunidad. Y, por si esto fuera poco, se pueden cargar niveles personalizados hechos también por la comunidad.
Lo dicho, Claw es una verdadera joya de los juegos de plataformas. Un título que pasó muy desapercibido en su momento y que hoy ya ocupa el lugar que le corresponde. Bonito, divertido y jugable. De verdad, una maravilla a la que tenéis que jugar a poco que os guste el género.
Manic Miner
Aunque es injusto decirlo, vamos a por el feo. Y es injusto porque Manic Miner es uno de esos juegos que, a buen seguro, muchos tenéis grabados a fuego en la memoria. No en vano, lo pusimos como uno de los mejores juegos en nuestro top para el ZX Spectrum, y la verdad, aunque es ya muy antiguo, tiene calidad para dar y tomar.
Programado por Software Projects, Manic Miner salió al mercado en 1983 para el ZX Spectrum, pero terminó desembocando unos meses más tarde en los ordenadores Amstrad CPC, Commodore 64 y BBC Micro. Tiempo después, también se vio en otros ordenadores como el MSX o el Dragon 32/64. En 2002 se vio un remake en Game Boy Advance, pero a esta versión no la tenemos en cuenta, aquí hablamos del Manic Miner original.
¿Y qué tiene esta joyaza de los ordenadores viejunos? 20 chunguísimos niveles en los que controlamos a Willy, un minero que se adentra en unas cavernas llenas de tesoros de antiguas civilizaciones que antes vivían allí. La misión es simple: recoger las llaves diseminadas por cada nivel antes de que se nos agote las reserva de aire.

Fácil, ¿verdad? Pues no. Manic Miner es un juego muy difícil. Para empezar, solo podemos saltar, no contamos con ningún disparo ni ayuda de ningún tipo, los saltos bien medidos son nuestro más valioso aliado. Y más nos vale medir bien nuestros pasos, cualquier contacto con lo que sea nos quitará una vida y tendremos que volver a empezar el nivel.
Y ahí es precisamente donde reside la gracia de Manic Miner, en sus mecánicas jugables. La clave del juego está en memorizar las rutinas de los enemigos y peligros de cada nivel, intentando colocarnos siempre en el punto preciso. Aquí no hay medias tintas, o se hace bien o simplemente morimos.
Aunque parezca una tortura, os aseguramos que se trata de un título que pica de lo lindo. Todo en Manic Miner destila sencillez, tanto en su apartado técnico como en su sistema de control. Y es que hay que tener en cuenta que el original salió en ZX Spectrum en 1983, programado por Matthew Smith cuando tenía solo 17 años.

Cuenta con una versión de la melodía de Strauss El Danubio Azul en su introducción. Durante las partidas suena un fragmento de En el Salón del Rey de la Montaña, del compositor Edvard Grieg. No es lo más destacado del juego, pero no deja de resultar curioso.
Manic Miner triunfó, especialmente en el ZX Spectrum, la plataforma que lo vio nacer, siendo uno de los grandes nombres del ordenador de Sinclair. Semejante juegazo tenía que tener una secuela, y Jet Set Willy llegó en 1984. Con Jet Set Willy II: The Final Frontier, de 1985, se cerraría una trilogía de plataformas de lujo.
No os dejéis engañar por su antigüedad, Manic Miner es canela en rama. Por su simplicidad, tanto en lo técnico como en lo jugable, estamos ante un juego de plataformas irrepetible y básico para conocer la historia del género. Nosotros nos vamos a echar una partidilla al juego con The Spectrum.
Zorro: A Cinematic Action Adventure
Finalizamos con el malo. Zorro: A Cinematic Action Adventure o Zorro a secas, es un videojuego de plataformas muy inspirado en el mítico Prince of Persia, pero, desgraciadamente, no es igual de bueno. Sus responsables fueron los chicos de Capstone Software y fue lanzado en 1995 en PC.
El protagonista es Don Diego de la Vega, más conocido como el Zorro que, en la antigua colonia española de California, lucha contra los facinerosos a modo de justiciero enmascarado. Don Cortez, el malo de la historia, y sus secuaces, planean hacerse con un gran tesoro. Ahí es cuando el Zorro entra en escena.
Zorro se basa en los libros de este icónico personaje y, como decimos, nos ofrece un juego que guarda muchas similitudes con Prince of Persia. Esto es que sus niveles se componen de plataformas imposibles, sin scroll y con muchas posibilidades de morir, ya sea cayendo al vacío o a manos de algún tipejo.

El problema es que Zorro no posee el nivel jugable de Prince of Persia. Lo que nos encontramos nada más iniciar el juego es un control errático y mal implementado. Si bien las acciones son las mismas que las de nuestro príncipe favorito de los videojuegos, pero el control falla muchísimo.
La respuesta de nuestro héroe es torpe y lenta. Este tipo de juegos destacan por su agilidad, pero Zorro no lo hace y tiene muchísimos problemas que lastran el control. Es muy sencillo fallar el salto y caer al vacío irremediablemente, dando la sensación de que el juego está rotísimo.
En cuanto al combate, nuestro amigo utiliza un látigo y su espada, también muy en la línea de los combates pausados de Prince of Persia. El sistema es más o menos el mismo, pero con problemas. Para que os hagáis una idea, tras bajar por una plataforma y colocarnos en una posición contraria al enemigo, nos ha sido imposible darnos la vuelta para atacarle y hemos perdido una vida. Así es Zorro.

Por lo que hemos podido ver, el desarrollo del juego fue algo tortuoso y el juego salió con algunos problemas en el sonido que fueron solucionados vía parche por la propia Capstone. Pero, siendo honestos, no es el sonido precisamente lo que falla. Además, al margen de la terrible jugabilidad, este título es muy repetitivo a nivel gráfico.
Al margen de sus problemas, Captsone lanzó varias versiones del juego. Una en disquete, con música MIDI, y otra en CD-ROM con música con calidad CD y escenas interpretadas por actores reales, de ahí lo de «a cinematic action adventure» del título. Por lo demás, la versión en CD es el mismo juego que el de disco, solo que con un envoltorio más bonito.
Por decirlo suavemente, Zorro es una birria que no merece ni un minuto de nuestro tiempo. Como curiosidad, si pulsáis ESC durante el juego os saldrá la opción de salir del juego. Si escogéis «no» mientras os estáis cayendo al vacío, al daros el piñazo contra el suelo o la plataforma de turno nos perdéis una vida. Quizá esa sea la única forma de terminar el juego, si conseguís aguantar, claro está.